Y de pronto despertó…

Quién no recuerda aquellos viejos mundos infantiles cuyos protagonistas, nuestros muñecos, compartían con nosotros infinitas experiencias, cuando tirados en la alfombra pasábamos la tarde inventando historias. Ellos, a los que siempre consideramos nuestros compañeros de viaje e incluso nuestros mejores amigos, eran en realidad extensiones de nuestras conciencias que usábamos para poder estructurar y entender de manera práctica el mundo social-cultural en el que nacimos. Desarrollábamos un juego “vertical” donde existía una esfera superior con una poderosa fuerza que todo lo veía, tocaba, pensaba y actuaba: nuestra conciencia; y una inferior con actores-títeres que debían cumplir órdenes: los muñecos.

Y así, nuestra infancia transcurrió y con la llegada de la juventud todos estos mundos íntimos se desvanecieron poco a poco hasta quedar reducidos a recuerdos. Ya no necesitábamos un escenario para entender la realidad, ahora necesitábamos vivirla conscientemente.

Todo desapareció excepto aquellos muñecos, que aún siguen aquí, viviendo, moviéndose, desarrollándose, aunque nuestros ojos ya no puedan percibirlos. Y justamente, gracias a la desaparición de aquella conciencia superior, la nuestra, han conseguido encontrar algo, antes escondido, que les ha permitido construirse como realidad; han recuperado la conciencia de sí mismos. Ahora ya no viven gracias a nosotros, ahora viven por ellos y para ellos.

Propongo redescubrir este mundo de nuestra infancia participando en una historia ya no como responsable máximo de la acción, sino como espectador de ella. Eliminada la conciencia que todo lo piensa, todo se equilibra, todo se lleva al mismo nivel.

Un viaje iniciático de una muñeca que un día al despertar percibe que su techo no está fabricado de cemento, sino de nubes que puede traspasar. Un despertar no del sueño a la realidad, sino de la no-conciencia a la conciencia en sí misma. Y es gracias a ello que consigue emprender un viaje a través de pictóricos lugares-mundos en búsqueda de su identidad –ahora que tiene conciencia debe aprender a entenderse dentro de su propia realidad–.

Los mundos se estructuran según la lógica de contenerse unos en otros –cada uno forma parte de uno superior, y éste a su vez de otro superior–, del mismo modo que la conciencia de los muñecos estaba contenida por nuestra conciencia. Esto convierte su viaje en un continuo “ir saliendo y entrando” en mundos siempre mayores, hasta que finalmente consigue regresar al suyo propio, el del cuarto de juego, donde debe enfrentarse al mundo de la conciencia humana.

Exposición Pati Llimona, Barcelona 2009

Instalación visual y sonora de 30 fotografías (20x30cm) expuestas en una estructura de madera con forma de acordeón moldeable al espacio de la sala.

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PLÖTZLICHES ERWACHEN

Wer kennt sie nicht, die alten kindlichen Welten, deren Protagonisten, unsere Puppen, unendliche Erfahrungen mit uns teilten, wenn wir am Teppich liegend ganze Nachmittage damit verbrachten, uns Geschichten auszudenken. Sie, die wir immer als unsere Begleiter oder sogar unsere besten Freunde betrachteten, waren in Wirklichkeit nur Ausformungen unseres eigenen Bewusstseins, die wir verwendeten, um die Struktur unserer sozialen Welt auf praktische Art kennen und verstehen zu lernen. Wir entwickelten ein „vertikales“ Spiel, in dem eine höhrere Ebene gab, mit einer „Allmacht“, die alles sah, dachte, berührte und handelte: unser Bewusstsein. Und eine untere Ebene mit Schauspieler-Marionetten die Befehle auszuführen hatten: die Puppen.

Mit dem Vergehen unsere Kindheit, als wir ins Jungendalter eintraten, lösten sich diese intimen Welten Stück für Stück auf und überlebten letztlich bestenfalls als Erinnerung. Wir brauchten keine Bühne mehr, um die Realität zu verstehen, jetzt mussten wir sie bewusst leben.

Alles ist verschwunden ausser unsere Puppen, die es immer noch gibt, auch wenn unsere Augen Sie nicht mehr wahrnehmen können. Sie setzen ihr Leben, ihre Entwicklung und Bewegung ohne unsere Kenntnisnahme fort. Und dank dem Verschwinden dieser unserer kindlichen „Allmacht“, fanden sie etwas, das zuvor versteckt war, das ihnen erlaubt, ihre eigene Realität zu konstruieren: Das Bewusstsein ihrer selbst. Jetzt leben sie nicht mehr in unserer Abhängigkeit, sondern durch und für sich selbst.

Ich möchte eine Wiederentdeckung unserer kindlichen Welt vorschlagen – an einer Geschichte teilnzuehmen, nicht als urteilend und erhöhter Verantwortlicher, sondern als horizontaler Beobachter, der sich auf einer Ebene mit ihrem Geschehen befindet. Das allmächtige Bewusstsein, das sich alles ausdenkt, beseitigt, pendelt sich alles auf der gleichen Ebene ein.

Eine Reise der lebendigen Entdeckung einer Puppe, die eines Tages, als sie aufwachte, entdeckt, dass das Dach ihres Hauses nicht aus Beton ist, sondern aus Wolken, die sie durchschreiten kann. Ein Erwachen, nicht vom Traum in die Realität, sondern von der Unbewusstheit zum Selbstewusstsein. Dank diesem gelingt es ihr eine Reise durch bildlhafte Welten auf der Suche nach ihrer eigenen Identität zu unternehmen – jetzt, da sie Bewusstsein hat, muss sie sich in ihrer eigenen Realität verstehen lernen.

Die Welten sind nach einer Logik der Verschachtelung strukturiert – jede ist Teil einer ihr übergeordneten, so wie das Bewusstsein der Puppen ein enthaltener Teil unseres eigenen Bewusstseins war. Die Reise wird zu einem ständigen Ein- und Austreten in immer weitere Welten. Bis die Puppe es schlieszlich schafft in ihre eigenen anzukommen, jener des Spielzimmers, wo sie auf die menschliche Welt des Bewusstseins trifft.

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